Archivo para octubre, 2009

La Gordi en tela

Posted in Cultura with tags , , , , on octubre 25, 2009 by Wallas

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            Todos podemos ser actores dentro de la gran obra que es la historia, o por lo menos en una parte de ella. Y nada mejor que hacerlo a través de canales que exciten el intelecto y seduzcan la mirada. “Retrato de una Presidenta”, proyecto pictórico del artista viñamarino Andrés Ovalle (o Arteman), toma la figura de Michelle Bachelet para convertirnos en voyeristas, no del tipo morboso, si no que es una actitud intrusa que como ciudadanos deberíamos tener permanentemente: a través de los 15 cuadros que componen el proyecto miramos el poder, lo social y cultural, en la habitación de la mandataria o en la intimidad de su ducha. Son los grandes hitos de la primera presidenta en Chile y Latinoamérica, vista desde el singular ojo de Ovalle.

            “Retrato de una Presidenta”, entonces, nos invita a ser parte de esta mirada. En el blog del proyecto podemos dejar nuestras impresiones e interpretaciones de los cuadros, ideas que serán recopiladas en un  libro que el artista editará el 2010 como testimonio de esta época.

            Si las quieres ver en vivo, las telas estarán en exposición desde el 28 de octubre hasta el 28 de noviembre en la Corporación Cultural de Viña del Mar, y entre el 2 y 18 de diciembre en la Sala Ainilebu, de la Corporación Cultural de Valdivia. En la foto, “Otra cosa es con Charango”, obra que se expone en la Bienal Internacional de Arte Siart, en Bolivia.

            Pase por aquí y sea actriz o actor de nuestra historia.

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Sonic ¿qué?

Posted in Música with tags , , , , , , , on octubre 19, 2009 by Wallas

KissSonicBoom

       Los discos nuevos siempre se agradecen, y son particularmente bienvenidos cuando quienes los editan son viejos estandartes que majaderamente viven del pasado e insisten en las viejas glorias. Aunque, digámoslo, en este escenario no más de dos o tres canciones tienen la posibilidad de saltar del estudio al en vivo, lo que eterniza a los viejos hits como la columna vertebral de todos los conciertos de estas bandas clásicas. Y para ser sincero, los fanáticos duros nunca dejamos de aburrirnos de escuchar una y otra vez esas ya legendarias composiciones, sobre todo cuando es ahí mismo, apretados y expeliendo sudor frente a un escenario y varios decibeles de potencia.

       Pocos son los músicos que se atreven a evolucionar a medida que aparecen las arrugas o el examen a la próstata se hace urgente, o a priorizar el presente por sobre el pasado. Pero cuando ya no hay más que entregar, o cuando el interés por la música (piedra fundamental de toda banda) ya no es el mismo, es lógico que sigamos profitando del pasado.

      Uno de los ejemplos más sólidos de este fenómeno es la pintarrajeada banda Kiss, que después de muchos años sigue siendo una de mis favoritas, y que en la segunda mitad de los 90 retomó el maquillaje y las botas con plataforma para hacer de su carrera en los setenta su único modus vivendi. A once años de su última placa, “Psycho Circus”, recién sacaron del horno con su acostumbrada parafernalia “Sonic Boom”, un disco con la formación que lleva varios años girando por el mundo: a los originales Paul Stanley y Gene Simmons, se sumaron Eric Singer (quien ya había pasado por los tarros de Kiss entre 1991 y 1996), y Tommy Thayer, músico que lleva años colaborando con Kiss, y que hoy no es más que un muy buen imitador de Ace Frehley, el guitarrista original del grupo. Aunque por los años que pasó éste último empinando el codo, Thayer está en mejores condiciones.    kiss_live75

      Si me preguntan a mí, opino que el cuarteto luego de su gira de reunión debió haber retomado la formación Stanley-Simmons-Singer-Kulick, nacida a comienzos de los noventa luego de la muerte de Eric Carr, batero que hizo suyo a Kiss durante todo los 80. ¿Por qué? Es sólo cosa de analizar un poco la carrera kissera. En cada década, ya sea por una búsqueda estética o por una visión de negocio (en el caso de Kiss, más por la segunda) han manejado como pocos las tendencias del rock que se alzaron como predominantes en determinados momentos. En los 70, extremaron la teatralidad visual de gente como New York Dolls, Alice Cooper o David Bowie, al comienzo con un rock bien oscuro, luego con uno más coloriento, pasando por la onda disco y algo de pop. En los 80, se tiraron de cabeza al hair metal, o glam metal, dejando como herencia tremendas piezas como “Creatures of the Night” y “Lick it Up” (uno de los títulos más finos que conozco para un disco).kiss1986

      Y ya en los 90, comenzaron con un discazo, “Revenge”, un piscinazo directo hacia el metal más duro, cerrando con “Carnival of Souls”, un álbum extraordinario editado casi por obligación en medio de la gira de reunión, donde Kiss hizo suyo un lenguaje que ya venían profiriendo bandas como Alice in Chains, Soundgarden, y por qué no, Pantera. Había ahí experimentación, algo nuevo, sorprendente. Algo que en lo personal me confirmó que los Kiss siempre han sido excelentes músicos. En esa época, se reinventaron de una forma extraordinaria, inteligente, iban como avión. Todavía tengo grabado el éxtasis que fue escuchar el primer single de ese disco, “Jungle”, en un personal stereo escondido bajo mis ropajes en medio de una clase. Claro que después concentré toda mi atención en lo que mi profesor me estaba enseñando.   

      Ahora, estoy de acuerdo en que esa gira que reunió de nuevo a los cuatro Kiss originales debió haberse hecho de todas maneras, sobre todo porque pude verlos un vivo y en directo con todos los excesos visuales que desde niño sólo pude ver en videos piratas con  una imagen tan nítida como la de Pie Grande o la de cualquier extraterrestre que se haya asomado por la tierra.    Carnival_of_Souls_KISS

      Pero vayamos ahora al motivo de tanta sandez. Con “Sonic Boom”, los Kiss quisieron revivir (una vez más) su mejor época en los 70. Y sí, el disco recuerda mucho a “Rock and Roll Over” o a “Love Gun”, pero ahí queda. ¿Hay creatividad o alguna sorpresa? La verdad es que no. “Sonic Boom” es un disco plano, sin mucha vibra, quizás algo forzado. Siguen cantándoles a las mujeres de forma libidinosa, y otra vez aparece eso de que “yo hago lo que quiero” o “nada es suficiente para mí”. A varios nos puede gustar mucho de eso, pero no es necesario repetirlo tanto. La majadería en el mensaje, hace que éste pierda su efecto.

      Y no es que repetirse sea malo. Fíjense no más en AC/DC. Pero póngale algo de espíritu, su qué se yo, algo que nos haga de nuevo pintarnos con tempera la cara como alguna vez lo hice. Volver a digerir el pasado, asimilarlo de nuevo, no imitarlo. Después de 30 años y casi 30 discos, los más fanáticos nos merecemos su respiro. Pero “Sonic Boom” no lo es. Y a pesar de que “Psycho Circus” fue un disco totalmente auto referente, donde se celebraban así mismos por volver al maquillaje, tenía su cuento, algo que le daba su singularidad.

      Incluso quienes pensábamos ver de qué está hecho Thayer en el ejercicio de la creación, confirmamos lo que ya sabíamos: su guitarra está llena de guiños al arsenal del Spaceman. La pintura y el traje no es lo único de Frehley que lleva puesto. No hay mucho más que entregar. La bencina se acabó, no hay algo que haga de esta placa una explosión sónica como quisieron hacerlo.

       De todas formas, como dije en un comienzo, siempre se agradece su disco nuevo. Por último para poder poner su cosita nueva junto a obras esenciales como “Destroyer” o “Alive!”. Porque si lo llego a pillar en alguna tienda, de todas maneras lo compro.

La sorprendente longevidad del pajarraco

Posted in Un poco de todo with tags , on octubre 5, 2009 by Wallas

 

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            Sin ser un seguidor o gran conocedor del mundo de los cómics, sí tengo mis preferidos, y desde chico: Condorito, Mafalda y Asterix. Bastante diferentes los tres. Este último narra cómo los romanos, en el 50 A.C., son ridiculizados por una pequeña aldea de invencibles galos que gracias a una poción mágica resisten la invasión del imperio. Una saga creada por dos franceses que tiene el peso de una parte importante de la historia universal. Por otro lado, Mafalda es una piba que analiza la situación mundial y de su país, con una lucidez e ironía tenebrosas, que ya todos hubiéramos querido tener de niños. Sus ácidos comentarios se enmarcan en un momento bastante convulsionado en términos políticos y sociales.

            Condorito, por su parte, es un cóndor humano que a través del ingenio se las arregla para subsistir en su condición de provinciano pobre en el ficticio pueblo de Pelotillehue, a quien, a diferencia de Mafalda, poco le importan la situación mundial y los cambios sociales, si no que responde más a situaciones locales pero a la vez universales, como la pobreza, la subsistencia y la amistad. Es además un personaje salido del estereotipo del roto chileno, patrimonio bastante más joven que la cultura desarrollada en siglos que engendró el mundo de Asterix.  Pero igual de atractivo, aunque mucho más sencillo. Y quizás ese es el encanto del pajarraco.

             En la editorial del primer libro editado en 1955, Homero Bascuñan da luces sobre cómo era Condorito por aquellos años: “Se trata del cóndor chileno, ave que goza del alto privilegio de ostentar su arrogante efigie en nuestros blasones, y al que el dibujante Pepo (René Ríos) ha humanizado con su lápiz extraordinario, caracterizando en él al hombre de pueblo, al rotito empeñoso, descachalandrado y aventurero, servicial y bueno como el pan, y tan chilenazo como Usebio Olmos, al que tanto se parece por su carácter, con la diferencia de que el personaje de Juan Manuel Rodríguez era tarambana, maldito y chinchibí, y como papel secante para el litro; y a Condorito todavía Pepo no lo inicia en los ritos báquicos, en los que aquél alcanzara un alto grado”.

            A pesar de esta semblanza más bien inocente del personaje, Condorito sí tuvo su época de puta madre: ha sido borrachín, fumador, jugador, vago y picaflor, a pesar de tener a su eterna novia Yayita. Un verdadero roto chileno. Una especie de Pedro Urdemales. Y ha 60 años de su primera aparición ya es bastante poco lo que queda de aquél pícaro. Hoy, con una internacionalización plena, los chistes y los personajes se han vuelto mucho más neutrales, una baja en la calidad que generalmente trae consigo el crecimiento de los mercados y la producción, o cuando los productos deben adaptarse a otras idiosincrasias y lugares.

Condorito

             Pero, ¿por qué aún me es inevitable abandonar Pelotillehue? Hoy los chistes son fomes, salvo algunas joyitas que de repente aparecen, y otros no terminan de tener sentido. El ¡plop! dejó de ser el remate perfecto para las viñetas. Y de chileno, queda la nada misma, salvo su condición de ave nacional. Incluso los dibujos ahora son de baja calidad, más estáticos y menos dinámicos que antaño, menos elegantes. Aún así, es reconfortante el momento exacto en que aparece el nuevo número en la puerta de mi casa, y es un relajo celestial agotar esas páginas. En su momento, pude vanagloriarme de tener números que eran verdaderas reliquias, encontrados por azar en alguna feria de las pulgas, y que por descuido o por mi falta de concentración, desaparecieron tan sorpresivamente como una botella de San Clota Tres Tiritones en manos de Garganta de Lata.   

            Es un atractivo oculto y esquivo. Quizás es algo que siempre estuvo o que nació en este nuevo contexto. Veamos qué puede ser: un cóndor humanizado pillo e ingenioso, pobre, pero que se las arregla para enamorar a una mujer de caderas anchas y pechugas altivas, y que más encima, siempre se la gana a su mortal enemigo, un peineta musculoso y arribista; un roto que tiene un compadre que siempre lo saca de apuros, sobre todo económicos; que tiene un amigo con cara de huevo, otro con cara de tomate y otro con cara de gato; que tiene un sobrino que es una especie de Bart Simpson provinciano y que debió llamarse Ugenio; que vive en un pueblo que limita con Buenas Peras y Cumpeo, y que además tiene el bar “El Tufo”, al restaurante “El Pollo Farsante”, el hotel “2 se van, 3 llegan”, y la funeraria “Muérase hoy y pague mañana”; que nunca trabaja pero siempre tiene para comer y copetearse, y que a pesar de estar comprometido, no duda en lisonjear a cuanta mujer voluptuosa se le cruza . Me van a perdonar, pero este es un guión de los mil demonios.

           Pero se echan de menos joyas como la “Panamericana”, demencias como los lagartos saliendo de las alcantarillas, ahora reemplazados por platillo voladores que publicitan “Tome Pin Diet”, o que Condorito corte flores del jardín de Yayita para regalárselas. Hoy me es muy difícil recordar algún chiste que haya leído hace poco, lo que no me sucede con las viñetas más clásicas, como la vez en que al verse insultado por un cocodrilo, Condorito le mete la mano por la boca hasta la cola y lo da vuelta. 

            Como sea, Condorito es un astro. Es un fenómeno parecido a lo que pasa con Los Venegas, serie que mientras más fome se pone, pareciera que más se afirma en la parrilla televisiva y más gente la ve. Ya sea por tradición, romanticismo, nostalgia o por arte de magia, aún es imposible vislumbrar cuándo será el día en que Condorito haga ¡plop! Si el ingenio es lo que lo ayuda a quebrarle la mano al destino en cada viñeta, algo de eso debe haber también que impide que la revista muera. Un tipo de ingenio que desconocemos y que nos es tan esquivo como la risa al leerlo tal cuál es hoy.

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